¿Recuerdas a ese niño o niña que te contaba cada detalle de su día? De repente, un día te encuentras con un extraño en casa. Puertas que se cierran, respuestas cortas, miradas que no miran.
Bienvenido al mundo de la adolescencia, un territorio fascinante y, a menudo, frustrante.
Como docentes y padres, nos enfrentamos a menudo a esta pregunta: ¿qué hay detrás de esos cambios de humor repentinos, de esa apatía o de ese enfado desproporcionado? La respuesta es tan compleja como el cerebro de un adolescente: un cóctel explosivo de hormonas, una reestructuración cerebral masiva y la búsqueda de su propia identidad.
No se trata de «malos modos», sino de un viaje emocional intenso. Su cerebro, en plena construcción, aún no tiene la autopista de la regulación emocional completamente pavimentada. Por eso, una pequeña crítica puede sentirse como un ataque personal, y un «no» a una salida puede ser percibido como el fin del mundo.
💡 Tres claves para conectar en medio de la tormenta:
- Observa, no juzgues. Antes de reaccionar, tómate un momento para observar. ¿Es realmente una falta de respeto o es cansancio? ¿Es enfado o es frustración por no poder expresarse? La empatía es tu mejor herramienta.
- Valida sus sentimientos. No minimices lo que sienten. Frases como «no es para tanto» o «ya se te pasará» invalidan sus emociones. En su lugar, prueba con un «entiendo que estés molesto/a por esto» o «parece que te sientes muy frustrado/a». El simple hecho de que se sientan escuchados puede hacer una gran diferencia.
- Sé un faro, no una lancha de rescate. Tu papel no es resolver todos sus problemas, sino ofrecerles un espacio seguro donde puedan aterrizar. Dales la oportunidad de encontrar sus propias soluciones. Estás ahí para guiarlos, no para llevarlos en volandas.
Educar en la adolescencia es como ser un jardinero: no puedes forzar a que una flor abra sus pétalos, pero sí puedes crear el entorno adecuado para que lo haga por sí misma. Enseñarles a identificar, comprender y gestionar sus emociones es el mejor regalo que podemos darles. Es una habilidad que los acompañará durante toda su vida. Y tú, ¿qué estrategia te ha funcionado mejor? ¡Cuéntanos en los comentarios!

