Crianza y educación consciente

Para criar con consciencia, con amor, respeto y empatía, hay un paso fundamental que a menudo se nos olvida:

sanar nuestras propias heridas.

No podemos dar lo que no tenemos. Si crecimos en un entorno donde no hubo validación, paciencia o conexión, es natural que esas mismas carencias se manifiesten en nuestra forma de criar.

¿Te has preguntado por qué a veces reaccionas de forma impulsiva? ¿Por qué te cuesta mantener la calma? Quizás sea el eco de un patrón aprendido.

La crianza consciente no es solo sobre nuestros hijos, es sobre nosotros. Es un viaje de introspección, de entender qué nos mueve, qué nos duele y qué nos limita.

Sanar no significa que seas un mal padre o una mala madre. Al contrario, es el acto de amor más grande que puedes hacer por tus hijos.

Al sanar, rompes cadenas generacionales y les ofreces un futuro más libre y sano.

¿Qué crees que es lo más difícil de sanar para poder ofrecer una crianza diferente? ¡Te leo en los comentarios!

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